En un país donde la sequía se ha vuelto estructural, el agua ya no es solo un insumo operacional, sino un activo estratégico y regulado. Para empresas en sectores como minería, industria, retail, agroindustria e incluso servicios, diseñar un plan de eficiencia hídrica dejó de ser una opción voluntaria para convertirse en una exigencia técnica, legal y social. Pero, ¿cómo asegurar que este plan no solo cumpla con la normativa ambiental vigente, sino que también sea viable, auditado y alineado con los estándares de inversionistas y comunidades?

El marco regulatorio que exige acción
Chile cuenta con un entramado normativo creciente que obliga a las empresas a demostrar un uso responsable del agua. La Ley 19.300 sobre Bases del Medio Ambiente, el Reglamento del SEIA (DS 60/2022), las declaratorias de zona de escasez hídrica por la Dirección General de Aguas (DGA), y la reciente Estrategia Nacional de Recursos Hídricos convergen en un mismo mensaje: la eficiencia hídrica es obligatoria en contextos de estrés hídrico.
Los proyectos sometidos a evaluación ambiental deben incluir, desde la fase de diseño, balances hídricos realistas, alternativas de reducción de consumo y, en muchos casos, el uso de fuentes no convencionales (como agua desalada o reutilizada). Además, la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) ha intensificado su fiscalización en planes de cierre, monitoreo de consumos y cumplimiento de compromisos hídricos establecidos en los RCAs.
Más allá de los números: integración técnica y legal
Un plan de eficiencia hídrica efectivo no se limita a proyectar un porcentaje de ahorro. Debe considerar:
- La disponibilidad real del recurso en la cuenca o acuífero local,
- La calidad del agua requerida para cada proceso,
- La interacción con otros usuarios (agrícolas, comunidades, pueblos originarios),
- Los riesgos climáticos proyectados (sequías prolongadas, eventos extremos),
- Y, crucialmente, la coherencia con los compromisos legales asumidos en permisos, autorizaciones y resoluciones ambientales.
Muchas empresas subestiman la complejidad de esta integración. Un plan diseñado solo desde la ingeniería puede colisionar con obligaciones legales o expectativas sociales. Por el contrario, un enfoque puramente normativo puede resultar técnicamente inviable o económicamente insostenible.
La trampa del “cumplimiento superficial”
Algunos desarrollan planes genéricos, copiados de formatos estándar, sin adaptarlos al contexto hídrico local ni a las características del proyecto. Esto genera riesgos concretos:
- Observaciones técnicas durante la evaluación SEIA,
- Rechazo de solicitudes de derechos de aprovechamiento,
- Sanciones por incumplimiento de metas de eficiencia,
- Conflictos con comunidades por percepción de competencia por el agua.
La autoridad ya no acepta declaraciones vagas como “se implementarán medidas de ahorro”. Se exigen metodologías validadas, indicadores medibles, cronogramas claros y sistemas de monitoreo verificables.
¿Quién puede ayudarte a navegar este desafío?
Diseñar un plan de eficiencia hídrica robusto requiere un equipo multidisciplinario: hidrólogos que entiendan la dinámica local del recurso, ingenieros que optimicen procesos, abogados ambientales que interpreten la normativa vigente y especialistas en gobernanza del agua que anticipen conflictos sociales.
En ORBE Ambiental & Legal, hemos acompañado a empresas en sectores críticos a diseñar planes de eficiencia hídrica que no solo cumplen con la normativa, sino que anticipan fiscalizaciones, fortalecen la licencia social y protegen la viabilidad operacional a largo plazo. Nuestro enfoque no es entregar soluciones prefabricadas, sino construir estrategias personalizadas, respaldadas por más de 30 años de experiencia en evaluaciones ambientales complejas.
¿Tu empresa necesita desarrollar o revisar su plan de eficiencia hídrica para un proyecto en evaluación, en operación o en cierre?
Héctor San Martin
Periodista

